La inteligencia emocional en el trabajo

Actualizado: 11 feb

El objetivo de la inteligencia emocional no es controlar nuestras emociones, sino saber manejar las situaciones en las que aparecen emociones incontrolables, utilizando técnicas y estrategias que nos permitan reflexionar y pensar cuál es la mejor opción.

El propio Daniel Goleman explica que, a pesar de la creencia popular, la inteligencia intelectual (IQ) tan solo representa el 20 % del éxito de una persona. El otro 80 % se lo otorga a la inteligencia emocional (IE). Por otro lado, y según el estudio El objetivo de la inteligencia emocional no es controlar nuestras emociones, sino saber manejar las situaciones en las que aparecen emociones incontrolables, utilizando técnicas y estrategias que nos permitan reflexionar y pensar cuál es la mejor opción.


Si nos fijamos en nuestras propias emociones, en el día a día podemos experimentar varias como el enfado, la rabia, la desconfianza, la tristeza, la euforia, la impotencia, etc., en cualquier momento y a causa de la relación con otras personas de la empresa.


Para ayudar a mejorar la inteligencia emocional en el trabajo existen diferentes técnicas:


Comunicación asertiva: permite transmitir ideas desde la perspectiva de la autoconfianza y de una forma clara, a la vez que equilibrada y respetuosa con los demás.


Lenguaje corporal: analizar el propio lenguaje corporal y el ajeno es un gran método para entender lo que está sucediendo a nivel emocional.


Meditación: ayuda a mejorar el control de las emociones y desarrolla la capacidad de responder correctamente y con moderación en lugar de reaccionar sin control.


Diario emocional: escribir un diario emocional puede resultar muy eficaz y práctico para aprender a reconocer sentimientos y estados de ánimo.


Escucha activa y sincera: permite conocer a fondo las emociones y preocupaciones de los demás, así como mejorar las relaciones interpersonales.


Análisis de la situación: no juzgarse a uno mismo y analizar la situación desde un punto de vista neutro, como si de otra persona se tratara, otorga una perspectiva diferente que permite llegar a mejores conclusiones.


A medida que se implantan algunas de estas técnicas u otras, como el ensayo mental o la regulación del pensamiento o del razonamiento lógico, se puede mejorar mucho la inteligencia emocional. De este modo, se obtiene una experiencia que poco a poco se va integrando en cada una de nuestras decisiones, tanto a la hora de reaccionar a los sentimientos propios como a los de los demás.


Liderazgo e inteligencia emocional

En investigaciones recientes, se ha demostrado que hay una estrecha relación entre la inteligencia emocional y el desempeño de un trabajo. Asimismo, los estudios señalan que, por lo general, las mujeres suelen obtener una puntuación más alta en campos como la empatía, las relaciones interpersonales y la responsabilidad social, tal y como se explica en el libro Liderazgo. El poder de la inteligencia emocional, de Daniel Goleman.


De hecho, Indra Nooyi subrayó la importancia de no dejar de lado los sentimientos de los demás, como elemento fundamental para un buen liderazgo, y mencionó que “solo porque eres un director no debes pensar que ya triunfaste. Debes seguir aprendiendo y mejorando cómo piensas y cómo te diriges a tu organización”.


Otra gran líder, Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, demostró poseer inteligencia emocional durante su gestión de la pandemia de la covid-19. Entre sus medidas, decidió rebajar un 20 % su sueldo y el de sus ministros. También se quiso asegurar de que el confinamiento se cumplía estrictamente por el bien de los ciudadanos y, como acto empático e inspirador, se mostró a sí misma trabajando desde casa.


No es la primera vez que Jacinda Ardern demuestra su dominio de las técnicas de inteligencia emocional. Tras el ataque terrorista que sufrió el país en 2019, Ardern se puso al frente de la situación mostrando empatía con todos los afectados, a la vez que condenaba con claridad y firmeza los actos terroristas, sin acudir al odio ni a la furia, e inspiró a todo el país para trabajar juntos y, así, salir adelante.

Por otro lado, la primera ministra neozelandesa también enseña su cara más personal a través de Instagram, donde combina mensajes oficiales con otras publicaciones relacionadas con sus tareas del día a día, que muestran su labor de una forma cercana y humana.de Capgemini, la productividad puede aumentar hasta un 20 % cuando los miembros de un equipo utilizan correctamente la inteligencia emocional.

Si nos fijamos en nuestras propias emociones, en el día a día podemos experimentar varias como el enfado, la rabia, la desconfianza, la tristeza, la euforia, la impotencia, etc., en cualquier momento y a causa de la relación con otras personas de la empresa.

Para ayudar a mejorar la inteligencia emocional en el trabajo existen diferentes técnicas:

Comunicación asertiva: permite transmitir ideas desde la perspectiva de la autoconfianza y de una forma clara, a la vez que equilibrada y respetuosa con los demás.

Lenguaje corporal: analizar el propio lenguaje corporal y el ajeno es un gran método para entender lo que está sucediendo a nivel emocional.

Meditación: ayuda a mejorar el control de las emociones y desarrolla la capacidad de responder correctamente y con moderación en lugar de reaccionar sin control.

Diario emocional: escribir un diario emocional puede resultar muy eficaz y práctico para aprender a reconocer sentimientos y estados de ánimo.

Escucha activa y sincera: permite conocer a fondo las emociones y preocupaciones de los demás, así como mejorar las relaciones interpersonales.

Análisis de la situación: no juzgarse a uno mismo y analizar la situación desde un punto de vista neutro, como si de otra persona se tratara, otorga una perspectiva diferente que permite llegar a mejores conclusiones.

A medida que se implantan algunas de estas técnicas u otras, como el ensayo mental o la regulación del pensamiento o del razonamiento lógico, se puede mejorar mucho la inteligencia emocional. De este modo, se obtiene una experiencia que poco a poco se va integrando en cada una de nuestras decisiones, tanto a la hora de reaccionar a los sentimientos propios como a los de los demás.

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